En un mundo lleno de incertidumbre, temores silenciosos y batallas que muchas veces nadie ve, surge un mensaje eterno que sigue dando vida: Dios es nuestra luz, nuestra salvación y nuestra fortaleza. Estas palabras del Salmo 27 no solo fueron una declaración de fe para David, sino que hoy se convierten en un refugio para todos los que atraviesan momentos difíciles.
La confianza en Dios no se basa en la ausencia de problemas, sino en la certeza de Su presencia. David enfrentaba enemigos, amenazas reales y situaciones que podrían haber quebrado su espíritu. Sin embargo, él eligió mirar más allá de las circunstancias y enfocarse en lo único que realmente permanece firme: la fidelidad de Dios.
Cuando entendemos que Dios es luz, dejamos de caminar a ciegas.
Cuando entendemos que Él es salvación, dejamos de vivir en temor.
Cuando comprendemos que es nuestra fortaleza, dejamos de apoyarnos en nuestras propias fuerzas.
La verdadera confianza nace en la intimidad con Dios. David decía: “Una cosa he demandado… que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida”. No buscaba respuestas rápidas, buscaba presencia.
Y quien busca la presencia de Dios encuentra dirección, paz y renovación.
Tal vez hoy estás enfrentando una tormenta. Quizás no entiendes lo que sucede o no sabes cómo avanzar. Este es el momento perfecto para recordar que la fe no se construye con explicaciones, sino con confianza.
Confía en Aquel que sostiene tu vida, porque Su fidelidad es más fuerte que cualquier adversidad.
La confianza inquebrantable en Dios no es una emoción del momento, es una decisión diaria.
Y cuando elegimos confiar, vemos Su bondad incluso en los días más oscuros.
Que hoy tu corazón declare con convicción:
“Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón… en esto confiaré” (Salmo 27:3).

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